Josep Antoni Duran i Huesca
Podría ser el ejemplo en carne viva del hombre hecho a sí mismo, de ese tipo de personaje para el que cualquier obstáculo es superable, con dos ingredientes fundamentales: vocación y tenacidad. Gracias a eso consiguió licenciarse en Derecho, costeándose él mismo los estudios, aunque en su casa había recursos económicos suficientes para haberlos realizado sin tanto esfuerzo. Durante los cinco años que duró la carrera, trabajó por las mañanas en un juzgado, a mediodía en el bar del colegio mayor donde residía y, a ratos perdidos, llevaba la contabilidad de una empresa de coches. Eso sí, a las cinco en punto de la tarde dejaba sus ocupaciones laborales y acudía a la Facultad de Derecho de la Universidad de Huesca. A mí nunca me faltó la ayuda moral ni económica de mi familia. Mi padre era director de una caja de ahorros en Ayerbe, un pueblo de la provincia de Huesca, y mi madre era ama de casa. Sin embargo, a mí me gustaba trabajar y ganar mi propio dinero para salir adelante en la universidad. De hecho, los dos últimos años de carrera era educador del colegio mayor donde residía y el alojamiento me salió gratis.

Precisamente ese colegio mayor de franciscanos tuvo mucho que ver en la configuración de su carrera política. De hecho, su bautismo de fe en la vocación democristiana se inició cuando le encargaron que presentara una conferencia de Joaquín Ruiz Jiménez. En esos días Franco estaba agonizando, había una intensísima actividad política y él se había empapado de lo que significaba la democracia cristiana: El ciclo de conferencias por el que pasó el padre Díez Alegría, Solé Tura y Ruiz Jiménez, entre otros, levantó muchísima expectación. De hecho, el día que iba Ruiz Jiménez se nos prohibió que la hiciéramos en el salón de actos, y nos tuvimos que ir a la iglesia. Cuando terminamos, ya en la sacristía, se acercaron a mí algunas personas del público que me dijeron si conocía el partido Unió Democrática, y meses después me afiliaba.
En esos momentos, nada hacía prever al joven universitario Josep Antoni Duran i Huesca que su destino se había fijado en aquella sacristía